Sunday, May 10, 2009

Premio “Salvador Gallardo Dávalos” 1983

A mis 21 años, en 1981, y con David Ojeda como parte del jurado, mi cuento “El prestidigitador” obtuvo uno de los premios del incipiente certamen “Salvador Gallardo Dávalos”, orientado entonces al reconocimiento de la narrativa de los jóvenes. El acta del concurso destacaba el bajo nivel de las obras participantes, cosa en la que tenían razón totalmente, pero que no impidió la designación de tres ganadores. Desde esa vez he procurado no publicar mis cuentos, sino eventuamente (aunque durante años he preparado un libro de realtos que posiblemente esté completo para el 2010).
El asunto es que, un par de años más tarde se abrió el mismo certamen también para el área de poesía, en la cual me tocó en suerte obtener el premio. Contaba ya con 23 años y el conjunto de poemas tenía el título de “Memoración del inconcluso”, que planteaba la paradoja de recordar una vida que todavía estaba por vivirse. El jurado se formó, en esa ocasión, por Desiderio Macías Silva, Hugo de Sanctis y Salvador Gallardo Dávalos. La obra ganadora —probablemente para fortuna del autor y del público— no se publicó. Sólo unos cuantos de esos poemas fueron dados a conocer en la antología que sobre dicho certamen preparara Ricardo Esquer luego de diez años, en 1993.
A la distancia, algunos de esos textos premiados resultan todavía legibles. Comparto ahora dos de ellos:

PARTE EL GUERRERO

Parte el guerrero
a conquistar el corazón de una mujer.

Su ejército,
perdido ya en antiguas emboscadas,
avanza con cautela.

Su estrategia —se sabe— es desastrosa:
los vigías del sentimiento
traicionan toda orden que indique retirada.

(Y el crepúsculo impulsa,
con paso sigiloso,
desde la retaguardia.)

Circula en la sangre el clamor de la batalla:
se ha vuelto el corazón un sonorida.

Y de frente a la plaza,
los ojos de ella se aprecian proféticos,
como sabiendo asegurada su victoria.

LA HISTORIA DEL MUNDO

La historia del mundo es la historia de tus ojos.
Porque los vaticinios de la lluvia
se fundaron en tus lágrimas,
sobre los días verdes de la selva.

Y el mármol ha buscado en vano tu figura.

Si tus muslos precisos no me hubieran
mostrado la verdad,
sería inútil vigilar la transcursión del tiempo.

Pero, en fin, en ti da vueltas
y vueltas la palabra sin hallarte.

Posted by Benjamín Valdivia in 16:49:43
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