PREMIO ANITA POMPA DE TRUJILLO - 1982
En 1982 me tocó en suerte obtener el premio de poesía Anita Pompa de Trujillo, entregado en Guaymas. La reina designada para las fiestas de esos juegos florales fue Aideé Vielledent. El Coordinador General de Cultura en el Estado de Sonora era en ese momento Héctor Rodríguez Espinoza, quien luego desempeñó cargos en el área jurídica, tanto de orden electoral como de los derechos humanos, campo en el cual tuvo oportunidad de presentar, años después, una ponencia dentro del Coloquio Cervantino Internacional, en Guanajuato. Nos acompañaba Juan Antonio Ruibal Corella, historiador, cancionero y político, quien fungía como senador suplente y nos compartió aquella vez, con la guitarra, su reciente pieza hímnica dedicada a Baja California Sur.
En especial, en ese ambiente costero, conocí al poeta Miguel Manríquez, con el cual hasta la fecha hemos conservado una amistad vital y literaria. Él conoció aquellos poemas de juventud que se titulaban en conjunto “De luz oscura”, que más tarde aparecieron publicados en mi primer libro formal El juego del tiempo, editado por Roberto Vallarino en 1985 dentro de la Colección “Letras Nuevas” que patrocinaba la Secretaría de Educación Pública por medio del CREA. El primer poema de la serie mencionada iba hacia la delimitación del ser de la poesía desde mi punto de vista personal. Lo curioso es que esa misma visión me parece, veintiséis años después, todavía válida; y la asumo hoy como entonces. Va el poema:
Amamos la palabra y su hierro matizado
porque en ella se cumple al fuerza de la voz
y los ciclos del agua silenciosa.
En especial, en ese ambiente costero, conocí al poeta Miguel Manríquez, con el cual hasta la fecha hemos conservado una amistad vital y literaria. Él conoció aquellos poemas de juventud que se titulaban en conjunto “De luz oscura”, que más tarde aparecieron publicados en mi primer libro formal El juego del tiempo, editado por Roberto Vallarino en 1985 dentro de la Colección “Letras Nuevas” que patrocinaba la Secretaría de Educación Pública por medio del CREA. El primer poema de la serie mencionada iba hacia la delimitación del ser de la poesía desde mi punto de vista personal. Lo curioso es que esa misma visión me parece, veintiséis años después, todavía válida; y la asumo hoy como entonces. Va el poema:
ENTRADA
Amamos la palabra y su hierro matizado
porque en ella se cumple al fuerza de la voz
y los ciclos del agua silenciosa.
La palabra trae luz
para nuestro animal introspectivo.
Quien levanta la voz
inaugura los diálogos del fuego.
Y así,
establece recintos por miradas,
produce atardeceres que no pesan
y de nuevo color.
Amamos la palabra
por el río de tiempo en que transita:
un río de manos escribe en mis manos.
Posted by in 01:42:40
Saludos Benjamín, de parte de una sonorense.
Al leer tu reseña de la entrega del premio de poesía Anita Pompa de Trujillo en Guaymas y los personajes y espacios que mencionas, me viene la sensación de regresar a habitar mi tierra en el recuerdo, aunque yo no estuve ahí.
(Ruibal Corella y Rodríguez Espinoza “Vampiros” también como mi padre, después te platico).
Bonito poema, y tu honestidad de asumir aquella visión como válida a la fecha, creo que tiene mucho más que ver con la vigencia de la palabra -que cuando es dicha con gusto, con cuidado, con amor y con ese fino tratamiento, rebasa los límites del tiempo- que con esta resignificación que ahora, veintiséis años después le confieres.
Saludos cariñosos,
Sylvia